miércoles, 12 de julio de 2017

Bienvenidos a esta nueva entrada.

Querido lector, espero que todo esté marchando de maravilla con tu vida.  Que el éxito, salud y abundancia te persigan de manera constante en tu peregrinar por este mundo.  

Recuerda que el universo siempre estará conspirando a tu favor si se lo permites, por ello debes poner en práctica el poder de la fe en todo lo que emprendas.

Deja que el cúmulo de tus experiencias, aunque no sean todas positivas, sirvan para fortalecer tu espíritu.  Piensa en ellas como una oportunidad para crecer y estar mejor preparado para enfrentar el siguiente desafío. Porque, te lo garantizo, siempre habrá algo nuevo, algo más por resolver, que te va a poner a prueba. 

En esta entrega te dejo con el desenlace de la historia del titiritero y su personaje Le Mium el Temerario, la cual resumiré en las siguientes líneas para tu deleite.

Comencemos…

Gozando las mieles de la conquista

El espectáculo estaba siendo todo un éxito en cada lugar que se presentaba. La gente llenaba la sala al tope sin siquiera reparar en el costo de la entrada con tal de ver al célebre Le Mium el temerario; cuando llegaban a los pueblos más grandes tenían que permanecer ahí por varias semanas, pues había mucha demanda por presenciar el evento.

Las ganancias no se hicieron esperar, había dinero fluyendo de manera constante y en cantidades nada despreciables.  Ahora sus deteriorados atuendos habían sido cambiados por ropas finas y elegantes, además, lucían llamativas joyas en manos y cuello, convirtiéndose así en todos unos personajes. 

La vieja carreta que los trasladaba de ciudad en ciudad había sido sustituida por un suntuoso carruaje adornado con  llamativos artificios, que captaban toda la atención de los transeúntes a su paso. El noble borrico que se encargó de halarla por tantos años fue vendido por unas cuantas monedas, para ser reemplazado por dos hermosos caballos que marchaban con gracia y elegancia al son del vaivén del camino.

Buen vino y una mesa repleta de suculentos manjares, no podían faltar en las celebraciones nocturnas de nuestros galanes, siempre en compañía de amigos y una que otra bella dama que engalanaba la noche con su encantadora  presencia.  ¡Nuevas amistades, fama, fortuna!, se podía decir que habían alcanzado el éxito más allá de sus previas apreciaciones.


¡Pagarían un precio demasiado alto!

“La envidia se deslizaba como serpiente al acecho buscando en la mente débil la presa perfecta para
Inocular su mortífero veneno”.


Con el tiempo aquella rutina de largos viajes, presentaciones, festejos nocturnos y desvelos comenzaron a pasar factura.  Los excesos en su nueva forma de vivir hicieron que descuidaran lo que con tanto esfuerzo y dedicación habían construido; fue entonces cuando todo empezó a tomar un rumbo distinto a lo planeado.

El veneno de la envidia tomaba por sorpresa a Renato (su ayudante), pues veía como el maestro titiritero se quedaba con la mayor parte de las ganancias y eso para nada le agradaba porque, según su lógica de pensamiento, sería justo que todo se repartiera por la mitad.  Se le había olvidado que fue gracias a la creatividad del maestro que todo había surgido, cuando él no fue más que un simple espectador en todo el asunto.

Comenzó a llegar tarde a las presentaciones y hacía su trabajo de mala gana, lo que ponía al maestro de muy mal genio y eso desencadenaba una serie de acontecimientos que resultaban en detrimento de la calidad de la presentación; hubo  un par de ocasiones en las que el público estaba tan molesto que fueron abucheados y sacados a fuerza de empujones del recinto, una escena bastante vergonzosa y desconsoladora.

Pero el maestro tampoco se quedaba rezagado en cometer errores, las promesas incumplidas por su parte también eran causa del malestar en Renato, aunque en ningún momento lo hizo con la intención de engañar, simplemente había sido presa de la emoción del momento; bebía mucho además y tenía romances en cada ciudad a la que arribaban, lo que hacía que su atención ya no estuviera centrada en su trabajo sino en cosas improductivas que poco a poco le llevarían al fracaso.

Tiempo después Renato decidió partir en busca de nuevos horizontes, las diferencias entre él y su maestro se habían vuelto tan irreconciliables que ya no valía la pena seguir intentándolo, pero el daño ya estaba hechoFue sustituido por un principiante, carente de talento en el manejo de las marionetas, con lo que se cerraba el círculo para la desgracia ¡la caída de la puesta en escena era inminente!

Cada vez eran menos las personas que asistían a los eventos y, a pesar que el costo por entrada había sido rebajado considerablemente desde hacía mucho, a duras penas llenaban el recito a la mitad.

El dinero empezó a escasear haciéndose casi imposible seguir manteniendo el pomposo estilo de vida al que se habían acostumbrado.  El suntuoso carruaje y su pareja de esbeltos caballos fueron los primeros en ser rematados para cubrir algunas deudas; con el resto de dinero apenas alcanzó para comprar una vieja carreta halada por un larguirucho borrico, estaban otra vez como al principio. 

Las ropas modestas fueron de nuevo el uniforme del titiritero y su ayudante, quienes ya no portaban ni siquiera una baratija en su cuerpo como adorno, pues todas las joyas tuvieron que ser vendidas para subsistir.

Con el paso del tiempo el espectáculo de Le Mium el Temerario  solo era un recuerdo en el corazón del público que le aclamó con fervor.  Aquellas glorias del pasado jamás volvieron para el maestro titiritero, quien no tuvo otra opción que regresar a su ciudad natal donde permaneció hasta el final de sus días.

De Renato se supo muy poco.  Algunos aseguran que se instaló en un pueblo del este, donde contrajo matrimonio y formó una numerosa familia, convirtiéndose además en un hombre adinerado e influyente. 

Conclusión:

Mis queridos amigos, considero que esta historia nos deja una enseñanza más que evidente acerca de cómo las empresas más grandes y hermosas de la vida pueden terminar en el fracaso, gracias a la falta de auto control y al materialismo desmedido de nuestros días.

Dejarse dominar por el sentimiento de la envidia es una de las situaciones más vergonzosas a las que podría quedar expuesto el hombre que carece de amor y nobleza en su corazón, por eso debe hacerse un trabajo constante de autoanálisis para no caer en este tipo de bajezas. 

Cualquier exceso en nuestra forma de vivir no puede traernos más que desgracia y sufrimiento a futuro, por eso debemos comportarnos en todo momento y no dejarnos llevar por la emoción.

Nos vemos pronto…